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Imagen: César Mejías

Por qué es importante educar niños curiosos y cómo lograrlo

Los padres curiosos tienen hijos curiosos, a los que no solamente les va bien en el colegio, sino que se convierten en seres humanos que se conocen mejor a sí mismos y tienen una sana autoestima. ¿Cómo cultivar esta característica?

Por María Jesús Martínez-Conde | 2019-07-29 | 08:56
Tags | curiosidad, niños, infancia, padres, parentalidad, asombro, educación, atención
"Las preguntas de los niños pueden volverse molestas, pero prefiero que mi hija haga demasiadas preguntas que demasiado pocas. Lo único peor que tener que explicarle a tu hijo cómo se hacen los bebés, sería un niño que no le interesase saber" (Ian Lelie, periodista y estudioso del comportamiento humano).
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¿Qué pasaría si a tu hija de siete años le importa un bledo de qué están hechas las estrellas? ¿Si nunca la inquietó el misterio de la reproducción de los animales? ¿Si cuando cumple los 18 no tiene interés alguno por conocer Machu Picchu? ¿O si jamás se pregunta qué diablos hubiese pasado si Colón nunca nos hubiese "descubierto"?

Un niño sin curiosidad, es un ser humano que en el futuro podrá escasamente responder quién es.Nuestros intereses nos definen y nos dan herramientas para expandir nuestra mente y desarrollarnos, por eso es tan crucial estimularlos desde la edad más temprana.

Hoy nos adentramos en el misterioso mundo de la curiosidad. ¿Qué papel cumple en la educación de nuestros hijos? ¿Cómo incentivarla en la sala de clases y en la familia?

Los niños curiosos tienen mejor rendimiento

Lo que todos damos por sentado es que los niños inteligentes tienen buenas notas y éxito laboral a la larga. Pero un estudio de 2011, desarrollado por la Association for Psychological Science, ha encontrado nuevos factores que inciden en estos resultados. Por ejemplo, ¿has pensado en ese compañero de curso que daba bote en el colegio y que, sorpresivamente, hoy es un exitoso profesional?

Bueno, dentro de esos otros factores, por ejemplo, está el ser concienzudo (poner esmero en lo que se hace), es decir, la capacidad de ir a clases y hacer la tarea. En otras palabras, quienes están hechos para el trabajo duro y no conocen de flojera. Pero hay más.

La curiosidad resulta también un factor decisivo, de acuerdo a un metaanálisis que recopiló datos de otras 200 investigaciones que habían estudiado a alrededor de 50 mil alumnos. Es más, el esmero y la curiosidad tienen tanto efecto en los resultados académicos de alguien, como lo tiene la inteligencia.

Un segundo estudio, publicado el año pasado por la Universidad de Michigan, buscó nuevos factores de éxito y encontraron los usuales: ingresos familiares, accesos a programas de primera infancia y un buen ambiente familiar. Pero, ¡volvió a aparecer la curiosidad como causa del buen desempeño escolar!

Independientemente de su situación socioeconómica, un niño curioso tendrá mejores notas que otro que no lo es, lo que, de acuerdo al estudio, es más evidente en los casos de pobreza.

¿Qué brujería guardan los curiosos?

Pero la pasión por el conocimiento no solo es buena para los niños porque les retribuye excelencia académica o competencias laborales futuras, es mucho más que eso.

La exploración y la búsqueda de respuestas, resultan cruciales en el aprendizaje de la niña o el niño sobre sí mismo, de acuerdo a lo que señala el psiquiatra y psicoanalista, Paul C. Holinger en Psychology Today. Es decir, en la medida en que un pequeño entiende que tiene intereses, cosas que le gustan más que otras, genera identidad, pues entiende que tiene inclinaciones. ¡Y cuán importante es esto en un mundo en donde las crisis vocacionales están a la orden del día!

Sus mismos intereses generan autoestima, pues entiende que es bueno para realizar ciertas actividades, y quizás no tanto para ejecutar otras. Mediante la curiosidad, el temperamento del niño —eso que trae de fábrica- interactúa por primera vez con la naturaleza, con su entorno, produciéndose un maravilloso intercambio que facilita su maduración. De aquí se descolgarán sus pasiones en la vida, sus valores y generará herramientas que lo ayuden en el futuro a superar traumas.

Sí, así de crucial es que tu hijo o hija sea una personita curiosa.

"Las preguntas de los niños pueden volverse molestas, pero prefiero que mi hija haga demasiadas preguntas que demasiado pocas. Lo único peor que tener que explicarle a tu hijo cómo se hacen los bebés, sería un niño que no le interesase saber", dice en una excelente columna el periodista Ian Lelie, autor de Curious: The Desire to Know and Why Your Future Depends on it.

"Las personas curiosas están más vivas de alguna manera; sus ojos están iluminados desde atrás. Saben más sobre todo, lo que los hace más interesantes. También están más interesados en ti, en lo que haces o en lo que te importa, en cualquier tema que flote a través de la mesa o a través de la barra. Los incuriosos son frustrantes, deprimentemente inertes. Nada de lo que digas puede sacarlos de su guión, provocar una visión sorprendente o una pregunta perceptiva. Simplemente son, en la forma en que un cielo gris inglés simplemente es", agrega.

A la hora de relacionarnos laboralmente, amorosamente o afectivamente, ¿no elegiríamos siempre entonces a un curioso?

Así se educan niños con amor por el conocimiento

Vamos entonces a lo práctico; si la curiosidad es tan relevante en la crianza de un niño, ¿cómo incentivarla?

Padres curiosos educan a niños curiosos: y los expertos concuerdan en esto. Si creciste asombrándote con la maravilla de la construcción de un panal (y continúas poniendo ojos de huevo cada vez que te topas con uno), es muy probable que tu hijo o hija sienta lo mismo.

Cuando los hijos de padres curiosos van al colegio, es posible que manejen más información que sus pares, simplemente porque han visto a sus padres generando más preguntas y respuestas a lo largo de sus vidas. Y, como saben más, les resulta más fácil seguir absorbiendo conocimiento.

En esto es crucial nunca evadir las preguntas de los niños, porque al ignorarlas estás desalentando su deseo de saber. Sí, hay edades que son difíciles: un niño de cinco años puede llegar a formular a sus padres 107 preguntas por hora. Paciencia.

Si eres profesor, piensa fuera de la caja: un diagnóstico que muchos pedagogos y expertos en educación comparten, es que hoy en día el sistema escolar tradicional no incentiva la curiosidad. Los niños se ven obligados a aprender sobre temas que no les interesan y, además, de forma dramáticamente pasiva, lo que poco a poco va mermando su capacidad de asombro.

Esto sucede porque los profesores están obligados a cumplir con ciertos objetivos clase a clase, que les quitan tiempo para dar oportunidad a los niños para explorar y hacer preguntas "irrelevantes", de acuerdo a la experta en psicología del desarrollo y escritora de The Hungry Mind, Susan Engel.

Para salir de esta estructura, ella sugiere grabar las clases, para después contar y clasificar las preguntas que hacen los estudiantes. Así, los profesores podrán hacerse conscientes de "la casualidad, las percepciones inesperadas o los datos accidentales", tan importantes en un ambiente escolar. Luego, deben entender que tener la respuesta precisa a esas inquietudes no es lo más importante, sino simplemente alentar a los niños a la búsqueda de sus propias soluciones.

Si eres profesor, otorga seguridad y sorpresa a tus alumnos: de acuerdo a los últimos estudios sobre el funcionamiento a nivel cerebral de la curiosidad, los seres humanos prestan atención primero a aquello que les sugiere una amenaza, como método de sobrevivencia. Obviamente, por más apasionante que sea el libro que estás leyendo, si alguien te amenaza con lanzarte un vaso con agua en la cara, desviarás inmediatamente tu atención. ¿Y a qué se atiende cuando no hay amenazas de por medio?

Se es curioso sobre aquello que se juzga de novedoso o genera cambios posibles de captar a través de los sentidos en el entorno, de acuerdo a la neuróloga especialista en aprendizaje y profesora de escuela, Judy Willis. Entonces, si un estudiante percibe algo novedoso, sentirá curiosidad por ello, lo que lo impulsará a buscar una explicación, y eso es lo que todos los profesores debiesen perseguir. ¿Cómo?

Primero, deben sentirse seguros en el aula; no percibir amenazas es algo crucial. Una clase cálida, sin castigos severos, en donde se sientan protegidos, en un ambiente de confianza.

Luego, la novedad se construye a través de una serie de estrategias por parte del pedagogo: cambiando su tono de voz usual, variando el tamaño de las letras y los colores en una presentación, haciendo lecciones al aire libre, sorprendiendo a todos los alumnos un día con el uso de sombreros o recibiéndolos en la sala con un rábano sobre cada pupitre. La idea es que el profesor logre hacer la ligazón entre estos elementos inesperados y la materia de clases. Esos sencillos gestos, despertarán la curiosidad de los niños y harán de una clase cualquiera, un momento memorable.

Cuando la mamá les pregunte en la casa ¿cómo te fue hoy en el colegio?, tendrán más que una anécdota que contar y un nuevo conocimiento que compartir, pues sus cerebros estarán absolutamente comprometidos con esa experiencia.

Si eres padre o madre, siéntate en el suelo y vuélvete un niño otra vez: esto es lo que el psiquiatra infantil, Stanley Greenspan, llama "floortime" ("tiempo de suelo", en español). Y es sencillamente eso, poner una manta en un lugar cómodo, traer los juguetes favoritos del niño y, durante unos 10 o 15 minutos, dejar que sea él quien dicte las reglas.

La idea es volverte su gentil asistente de juego, sin tratar de guiarlo, lo que le dará la sensación de que sus intereses y sentimientos están siendo acogidos. Entonces, sácale el jugo a este momento para conocer a tu hijo: ¿qué es lo que más le interesa hacer?, ¿qué lo intriga?, ¿qué es capaz o no de lograr?

Acompaña todo este proceso con verbalizaciones como: ¡eso que hiciste fue increíble!, ¿quieres que sostenga esto?, ¿necesitas algo?, ¿qué quieres que haga ahora? No importa si el niño o niña aún no sabe hablar, ellos entienden los tonos de voz mucho antes de lo que parece.

Toda esta experiencia no solo potenciará tu apego con tu hijo, sino además lo estarás ayudando a practicar habilidades básicas de pensamiento como el compromiso, la interacción, el pensamiento simbólico y el pensamiento lógico, usando sus sentidos, emociones y destrezas motoras. Y, lo más importante, validará sus intereses y los relacionará con un momento de disfrute.

La curiosidad no solo ha llevado al ser humano a interesarse por conocer su entorno, sino también lo ha movido a realizar grandes acciones: llegar a la Luna, construir magníficos edificios, averiguar misterios sobre civilizaciones pasadas o crear maravillosas obras de arte. Cultivemos esta característica en nuestros hijos no para que se conviertan en mejores alumnos, sino para que sean seres humanos hambrientos de entender el mundo en que les tocó vivir.

¿Cómo cultivas la curiosidad en tus hijos?

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